José Cuervo chocolateado con Nesquick

Hoy se me ha ocurrido decirle a Simón cuando he ido a buscarle al colegio que mañana en vez de zumo le llevaría tequila porque era lo que tomaban los piratas y los mariachis.

Se ha emocionado todo. Ha empezado a dar saltos y a gritar «¡SÍ! ¡AMANA TIKILA CON EL TOTATE!».

No es raro que se emocione. Simón se emociona con todo. Le sacas la bici y da saltos «¡MIMILETA! ¡MIMILETA!», se la guardas, y vuelve a saltar «¡MIMILETA MOMIL! ¡MIMILETA A CASA!» le das un trozo de chocolate y empieza a hacer molinillos con los brazos «¡TOTATE! ¡TOTATE!», le sacas un plato de brócoli y da golpes con los cubiertos «¡BÓCOLI! ¡CON NANONESA! ¡CON NANONESA!». En el mundo de Simón y sus simonerías más allá del muro de su colegio, TODO se merece una fiesta de volatines y saltos. Absolutamente todo. Desde que se caiga una hoja, hasta que el perro se tire un pedo. Todo le parece superchupi. Y por supuesto, el tequila no iba a ser menos. Da igual que no sepa qué demonios es. Todo el camino desde el colegio hasta el coche, diciéndole a cada persona que se cruzaba en su camino «¡AMANA TIKILA! ¡AMANA TIKILA CON EL TOTATE!», e igualmente, lo primerito que le ha soltado a Karloszeta cuando hemos ido a buscarle al aeródromo «¡AMANA TIKILA CON EL TOTATE ANLOS!»

Le he dicho «no se lo dirás a la señorita Ana el jueves ¿eh? que se puede enfadar conmigo» y él ha respondido «¡SÍ! ¡A LA NONITA ANA AMANA TIKILA CON EL TOTATE!»

Hoy he aprendido que lo único peor que un niño entusiasmado, es un niño entusiasmado de ideas fijas.