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Estoy absurdamente ilusionado con mi página de comics. Ilusionado porque con las historietas de siempre, publicaré algunas de Simón. Dibujar a Simón mola todo, porque tiene cuatro pelos permanentemente tiesos en lo alto de la cabeza y un flequillo que le cae sobre la nariz. Además es pequeñito y parece que toda la ropa le quedara grande. Simón es lo más caricaturizable del mundo mundial. Para muestra, ahí al lado le dejo. Tal cual es.

Mañana tenemos que devolverle a la Casa Cuna. Ando con el corazón un poco encogido por eso. He estado dos horas explicándole por qué no debía llorar y jurándole y perjurándole que las Navidades las pasaría con nosotros. Se ha tapado la cara con la camiseta, así que creo que no he tenido mucho éxito como tutor convincente. Qué mierda. El mundo está mal hecho. Para celebrarlo, puede que mañana me pimple yo solito una botella de tikila. Lo justo hasta que Karloszeta me recuerde lo del hígado.

El lunes nos vamos a China. En la aventura se nos han unido Jokin, y una amiga de Karlos que se llama Dulce, y que de dulce tiene más bien poco porque lleva la cabeza afeitada, bebe como un lanzador de martillo irlandés y tiene más tatuajes que Popeye. Dulce me fascina bastante. Cuando la tengo enfrente no puedo dejar de mirarla. Sobre todo porque es pequeñita y menuda y sin embargo, lleva siempre unas botazas más grandes que su cabeza. Es algo así como una Pulgarcita punkie-destroy.

Dulce también sería un fantástico personaje de comic. Creo que pensaré en ello cuando vuelva a sacar los rotrings.

No sé nada del viaje a China, salvo que vamos de mochileros otra vez. Karloszeta, fiel a su capacidad planificadora pluscuamperfecta, se ha encargado de disponerlo todo. Planos, aviones, trenes, hostales, casas de amigos chinos, más aviones, más trenes, barcos, más planos… Yo sólo me he encargado de vacunarme contra el tifus y la hepatitis (diosmíodondecaeré) y de hacer mis habituales preguntas absurdas tipo “¿hay cerveza en China?” y esas cosas. Cuando pienso en el viaje, me pongo mitad triste, mitad contento. Pero también me pasó en Argentina y luego la cosa dió para bastante jugo. Esta vez me llevo el smartbook. Por una vez y sin que sirva de precedente, voy a hacer un diario de viaje ordenado y métodico, con sus fotos colocaditas y guays para poder enseñárselas a Simón a la vuelta.

Sí, no… Yo tampoco me lo he creído más allá de los 2 sg. que he tardado en escribirlo. Pero ha quedado bien ¿no?