HOLA MAMAAAAAAAAAAAÁ

Estamos en un bareto de Waterloo Road (muy propio) de Hong Kong. En estos momentos son las seis y pico de la tarde y estamos asquerositos y un poco tristecontentos por acercarnos irremediablemente al final de nuestro viaje.

Lo de llevarme el notebook fue una de mis ideas superchupis, porque resulta que en toda la China (y mira que es grande de cojones) blogspot, twitter, youtube y facebook (aunque esto último me sude un poco la minga) están recontracensurados y no puedes entrar en ninguno, te conectes desde donde te conectes. Pero no sufráis por lo chinos, no… A ellos parece importarles un huevo de pato laqueado, porque tienen una versión china de cada portal y con eso van que se combustionan y son la mar de felices, las criaturicas.

Así pues, todas mis expectativas de diario de viaje ordenado han vuelto a irse a tomar viento, y ahora mismo vuelvo a ser dueño de un montón de papelacos a mogollón con chuminadas escritas al tuntún en plan «hoy he comido sopa de repollo / mañana me tiro por un puente». Cuando llegue a Europa (porque aún no tenemos claro dónde asentaremos el culo cuando aterricemos) me sentaré pacientemente delante del portátil para intentar ordenarlo y dejaré otros de mis absurdos diarios de viaje telegráficodispersos, como el de Argentina, porque ahora mismo lo único que quiero es terminarme esta cervecita, soltar la mochila, darme una ducha caliente de 75 horas y dormir a pata suelta en una cama de sábanas pijas, sin compañeros de más de dos patas.

Corto y cierro. Hola Hong Kong.