Nunca te olvidaré

Días depres. Mi jefe es un imbécil. Todos los jefes lo son un poco, no pretendo que el mío sea la excepción que confirme ninguna regla, pero al mío se une una presión absurda, repentina e incomprensible en el trabajo y una minusvaloración a lo que hago que no ayuda para nada a mi, ya de por sí, maltrecha autoestima. Yo no trabajo bien bajo presión. En realidad, bajo presión, no hago bien nada, salvo esconderme en los agujeros tapándome la cabeza y diciendo “vete-vete-vete…”

Y a eso unimos que mi amiga Lola murió este sábado por una cirrosis hepática, con ventipocos años de edad y una vida bastante triste para ser tan corta.

Karlos me pone deberes. “No mires telediarios, ni periódicos. Juega, dibuja, ponte pelis, lee libros. Leer libros ordena mucho el pensamiento.”

Me gusta esa frase. “Leer libros ordena el pensamiento”. Es cierto, tiene razón. Leer libros, rodearse de cosas bonitas, de sabores agradables, de colores vivos, de canciones alegres, repetirte mensajes positivos “soy bueno, soy inteligente, soy hábil…” Me sé todas las pautas de memoria. Otra cosa es que las siga.

Soy disperso, soy estúpido, soy un puto desastre…

Hacía meses que Lola no contestaba a mis mensajes, llamadas, ni correos. Ahora sé por qué, claro. La persona que me lo ha dicho ha sido muy contundente. “Sufrió muchísimo sus últimas semanas.” Yo nunca daría la noticia de una muerte diciendo “sufrió muchísimo”. Es de mala persona. De meter el dedo en la llaga y hurgar un poco en la complacencia del dolor que se sabe ajeno. Desde hoy, esa persona no me cae nada bien.

Que mi jefe se quedara más calvo o impotente me ayudaría a sobrellevar la tristeza, así que creo que en el fondo yo también tengo algo de mala persona.