Caca, culo, pedo y pis

Esta noche tengo que ir a ver una obra teatral pro-taurina. Yo, que tengo veinte mil mascotas y he plantificado mi culo en otras tantas manifestaciones contra la tortura de los animales. Yo, amigos míos. Yo. ¿Motivo? pues porque no sé callarme a tiempo. Callarse a tiempo es una gran virtud. Una de esas que no aprenderé nunca.

Hora y cuarto de representación, sin descanso. Espero que sea una horita corta, como la de los partos. Le he prometido a Karlos que no resoplaré, ni murmuraré uyquecabrones, ni dejaré de aplaudir ni uno sólo de los bailes de peineta y tracatrá. Dice que el único culpable soy yo por lanzarme en plancha cada vez que oigo la frase “me sobran dos entradas.” Tiene razón. Pero también es cierto que no pasaría nada si por una vez, se saltara sus inamovibles preceptos de sinceridad y/o honestidad y dijera alguna de las muchas frases salvadoras que se me ocurren ahora mismo, tipo:

1. No podemos ir, Ariel necesita espacio libre para toser.
2. No podemos ir, la tortuga ha cogido meningitis.
3. No podemos ir, los enanos que viven en nuestro jardín nos han pinchado las ocho ruedas de los dos coches.
4. No podemos ir, a Simón le ha dado un ataque de hipo con hipertensión de orejas.
5. No podemos ir, la tortuga con meningitis le ha dado hipo con hipertensión de orejas a Simón, y los enanos que nos han pinchado las ocho ruedas de los dos coches, no le dejan espacio libre a Ariel para toser.

¿Ves? con lo fácil que sería, coño…