Emoción absurda

Esta noche son los oscar. Yo siempre veo los oscar. Siempre. Porque estoy zumbado y esas cosas. Pero esta noche más, porque los presentará Seth MacFarlane, y allá donde está MacFarlane hay SANGRE, así que… esta noche mi cita es i-ne-lu-di-ble.

Empieza a las 3:00h y yo ya tengo sueño, así que se presenta una laaaaaarga travesía, en la que me sobaré… despertaré… me volveré a sobar… me volveré a despertar… pondré una cafetera… me volveré a sobar… y así hasta que todos los vestidos (que  me importan un cojón de mono) y todos los smockings del mundo mundial hayan pasado ya por todas las alfombras que sean menester, y el sarao empiece de una puñetera vez. No habrá daños colaterales. Me he pedido libre el día de mañana para poder dormir hasta las quincemil, y como Karlos ha trabajado hoy, mañana libra y ha decidido quedarse también conmigo para darme apoyo moral y logístico.

No se lo he dicho, pero me mata de amor absurdo que quiera quedarse conmigo a ver los oscar. Sobre todo porque los oscar a Karlos le sudan la minga dominga y siempre está diciendo que son una estupidez de premios vendidos a la mafia de la industria cinematográfica. Cuando The Blind Side fue nominada al oscar a la mejor película, Karlos estuvo descojonándose más o menos un mes al respecto, y dijo que jamás en su puta vida se tragaría la entrega de ningún premio cinematográfico, viniera del país de donde viniera. Sin embargo… esta tarde ha subido benjamines de cava y palomitas, para compartir conmigo un visionado del follón a lo grande. Y no lo hace porque haya cambiado de idea, no… (de hecho, tengo el hígado más que preparado a sus comentarios destroys), lo hace porque eso es lo que hacen los compañeros. Apoyar. Sostener. Compartir.

Y soltar algún pescozón despiertacoño cuando oyen el roncaronca paralelo al hilo de salivilla deslizándose por la comisura de los labios.