Caribe, ven a mí

Acabo de hacer mi declaración de la Renta, y he descubierto con placer y regocijo, que me van a devolver 13,42€. Estoy sumamente emocionado. No sé qué voy a hacer con tanta pasta, la verdad… No sé si viajar a Dubai, comprar algunos acres de viñedos en Napa Valley, o arrancarme los incisivos superiores y sustituirlos por otros nuevos de oro para que hagan ¡cling! cada vez que sonría contra el sol.

Qué asco me doy. Qué tristeza de declaración de renta, señores. Como mi empresa me reduzca más el sueldo, al final voy a tener que pagarles yo a ellos todos los meses, por ir a trabajar. Esto es una alegría, alegría y un pan de Madagascar. Voy a tener que asegurarme un futuro estable con Karlos si quiero seguir comiendo durante los próximos diez años, así que un día de estos buscaré los papeles de su seguro de vida, y le empujaré un poco por las escaleras. O un mucho, porque conociendo lo denso de su sistema molecular, es casi seguro que aún con el espinazo en cuatro trozos, ese vuelve a subir y me cuece a hostias.

He empezado a buscar casa en la playa para el verano. Karlos no quiere llevar a Simón a Zarautz, porque dice que el cantábrico no es mar para “niñines de secano” (entiendo que usa el plural para darse el placer de tocarme un poquito las pelotas, así que lo dejo aquí apuntado, por si al final, en lugar de lo de las escaleras, decido darle mejor un chutecito de nembutal, subirle a un pédalo y tirarle en altamar para que se lo coman las medusas). He empezado a mirar a lo largo y ancho de la costa del mediterráneo. No va a ser fácil encontrar algo, considerando que llevamos tres perros y una tortuga suicida. Mi cuñado nos ha dicho que dejáramos a la chuchada en una residencia de esas de asilo veraniego, pero ni de coña. Independientemente de que todas (y repito TODAS) son una puta mierda, estoy de acuerdo con Karlos en que una tribu es una tribu, y que donde vaya uno, iremos todos (menos los gatos, que llevan los cambios de ambiente peor que una abuelita en Navidad y sacarlos de casa es condenarles a la hiperventilación). Así pues… necesito una casa con tres dormitorios… dos baños… un cacho jardín con veda perruna… una piscina de urba para hacer el monguer… una playita sandunguera que esté tan cerca como para poder ir en chancletas… y unos alrededores pacíficos para que nos dejen dormir los borrachos holandeses. Todo eso a un precio módico y competitivo, que no suponga tener que empeñar ningún órgano vital que luego necesite para lo del parricidio.

Nada. Chupao lo tengo.