Sexobsesión

Otra vez hormonas desatadas. Otra vez como un abuelito viagrado, buscando rozarme a lo perrillo, cada vez que nos cruzamos en la cocina. Otra vez con mensajitos, guasapitos, gtalkitos, skypitos, y todo un sinfín de “itos” de provocación guarra y canalla, alimentados por una falta de concentración en el trabajo, brutal. Dos días me he tirado para maquetar un puñetero folleto telefónico. Dos días. Dos. Y nisiquiera he terminado aún, porque me he equivocado, y he puesto los logotipos al revés. Y no es extraño, no. Es perfectamente normal, porque llevo tres días con toda mi irrigación sanguínea corporal en UN sólo sitio. Pensándolo friamente, es casi un milagro que haya sido capaz de encontrar la oficina esta mañana…

No sé lo que me pasa, ni por qué me pasa. Me gustaría ir a un médico para que me lo explicara y me pusiera remedio, porque una vez superada la edad del pavo, esto de andar a todas horas con la churra a media asta, me parece una situación vital de lo más gilipollas, pero me lo impide el hecho de que el médico más cercano que tengo es mi suegra y… como que mejor que no sepa mucho de mis idas y venidas escrotales, porque puedo terminar siendo el tema de conversación de la próxima comida familiar, con su consiguiente regocijo y chistecillo hasta por lo menos, la cena de Año Nuevo.

Karlos se marcha el lunes a Kuwait. Tres días. Y aunque arrastro la consabida sensación de notevayastodavía… ahora mismo casi me parece una solución de caracter urgente.