Esto es de anoche, pero VALE

Vaya momento para ponerse a escribir. Sí, lo se. Tengo un gasteizarra aquí roncando a mi lado que corrobora que no son horas. Pero a uno de los gatos le ha dado el siroco ñiao-ñiou de las 0:50h y aprovecho que me he levantado a tirarle una zapatilla, para dedica mi insomnio a algo más útil.

Cuatro días. Cuatro. El lunes hice una lista de todo lo que era importante solucionar antes de irme. Una lista que no parecía mía. Estructurada, organizada, separada por puntos, y completamente alejada del habitual caos del que se retroalimenta mi vida. Estaban en ella las cosas que había que hacer, lo que había que comprar, lo que tenía que meter en la maleta, y hasta un apartado con una relación de “cosas idiotas imprescindibles que luego se te olvidan”, tipo cortauñas de los pies, o cepillo para perros. Y nada. Que ya faltan cuatro días, y ahí sigue todo. En mi lista, con una perfecta casillita cuadrada al lado para hacer un check-list que, visto lo visto, no llegará nunca.

En todos mis viajes, me dedico a hacer la maleta aproximadamente diez minutos antes de irme, y la suelo hacer con una distribución tipo “abre, armario p’adentro y cierra”. Sin embargo, este año será diferente. Este año tengo una lista con check-list, sin check-list. O sea… de absurdo he pasado a perfectamente absurdo.

Estoy relativamente contento por irme y relativamente triste por dejar a los gatos abandonados dos semanas. Siempre me pasa igual. Va a venir mi cuñado pequeño a darles de comer y limpiarles las basurillas, pero mi cuñado es tipo yo, así que es más que posible que se tire 13 días pasando y el 14 venga a limpiarlo todo a la velocidad de la luz. Y ya no son sólo los gatos. También hay que regar las cuatro marijuanitas, que ya están llegando a la categoría de Doñas Juanas. No sé. No sé lo que me voy a encontrar cuando vuelva. Posiblemente cuatro momias vegetales y tres gatos cabreados.