Dos días para ser más viejo pero no más sabio

Llevo dos días buscando mi regalo de cumpleaños. Dos días. Dos. Y he mirado en toooooooda la casa, y en toooooodo el garaje, y en toooooooda la jardinada y ni flowers. O es un camaleón y anda mimetizado con alguna pared, o lo lleva Karlos dentro de los calzoncillos (no es una alegoría cochina, es que ya he mirado también en todos sus bolsillos y carteras). Como soy un hombre con vergüenza y principios, también he intentado que me chivara algo Simón, pero ha sido misión imposible. Así son las cosas. Al que pica las entradas de la piscina le cuenta si me rasco un huevo, pero luego cuando tiene que contar en qué consiste mi regalo secreto, “¡¡NO PUEDO DISÍRTILO QUE LO HE PROMETILO!!” Pues vale. Pues de acuerdo. Pues yo os maldigo, secuestradores de regalos secretos de cumpleaños. Así le dé un patatús al camaleón y tengáis que dármelo más tieso que una sepia coreana.

Esta noche salimos de tapeo los tres para celebrar que ya tenemos juicio para Septiembre y que los pronósticos son 99,99% favorables (el 0,1% restante lo dejo por si nos descubren violando osos pandas chinos en un viaje de LSD o algo así). Nuestra abogada calcula que entrado octubre, tranquilamente Simón será una hoja nueva en el libro de familia Zeta Serlik. En el momento nos pusimos muy Ingalls y se lo contamos todo felices, pero resultó que en lugar de comprenderlo, se emparonoió. Y cuando le decíamos “ya es seguro que te vas a quedar con nosotros en septiembre”, él ponía cara de pánico y decía “¿no estoy ya? ¿puele venir la nonita? yo no quiero ir con la nonita…” y así hasta que volvía a ponerse como cuando le encontramos, con la barbilla temblona y los puñillos apretados contra la camiseta, así que al final decidimos que era mejor callarnos como putas y simplemente decirle que íbamos a ponerle nuestros apellidos para que en el colegio no se hicieran líos. Y con eso se puso tan contento, se calmó y se olvidó (por fin) de la dichosa nonita.

Pobre Simón. Hay miedos que no terminan de escalarse nunca. Si lo sabré yo.

PD: el puto perro gigante satánico sigue vivo.