Abracadabra

Karlos me ha regalado una chinchilla. Como es una chica, la he llamado Abracadabra Exterminio.

Me flipa la chinchilla Abracadabra Exterminio. Es suave, gordota y pacífica. Como un boniato con orejas y cola de ratón. Y tiene un tacto que no se parece a nada. Suave y esponjoso. Casi como si no fuera real. Cuando la tienes en brazos, es como sujetar una bola de espuma. Los gatos andan intrigados con ella. Su talante pacífico los tiene muy descolocados. En todo el rato que ha pasado fuera de su jaula, ha estado tranquila, pachorrona y sociable, y no ha mostrado miedo a nadie, ni a nada. Creo que es una chinchilla un tanto budista. Me mola todo. Como ha venido de sorpresa y no nos ha dado tiempo a comprarle comida chinchillera, le he estado dando manzana, lechuga y pipas de calabaza, y se ha zampado todas mis existencias en aproximadamente dos nanosegundos, así que puede que en realidad sea una chinchilla budista con trastornos de ansiedad. Pero no importa, porque me sigue molando todo y le voy a comprar una jaula gigante donde pueda correr, esconderse y jugar al pilla-pilla con mis guerreros del warhammer.

Karlos también me mola todo.Tenemos tres perros y tres gatos, y me sigue regalando animales sólo por ganas de hacerme sentir bien. Es muy importante para mí que Karlos tenga ganas de hacerme sentir bien. Ni palabrerías, ni poesías tontas, ni peliculadas; no hay otra demostración de amor más simple y desnuda que esa. Ahora me río como un idiota con mi chinchilla Abracadabra y le pregunto: “pero esto…¿por qué?” y él responde: “no sé, Ari. Por estar ahí.”

No debería hacerme ningún regalo por estar ahí, porque ese es mi deber y mi compromiso, pero…creo que por hoy mejor no se lo digo.