Veroños

Estás ahí, con un peto viejo y una camiseta apolillada, lleno de pintura y de óxido, con una brocha en la boca y sosteniendo el bote de minio como puedes, mientras haces equilibrios para mantenerte firme entre la pared y el árbol  y llegar a lo alto de la valla, y entonces oyes que él deja de martillear, y miras hacia arriba y le ves allí, en el tejado, que te está mirando. Y tú dices: “intento fintar la falla fin darme una hoftia ¿qué?” y entonces él se echa el martillo al hombro y responde: “¿follamos?” y tú te ríes, porque piensas “está de coña”, pero no. No. No lo está, no.

Cansancio generalizado, o una manera elegante de decir que estoy hecho mierda. Pero creo que después de la curra de esta mañana y el madrugón asesino para empezar a tiempo, ya nos hemos quitado lo peor, así que mañana podremos bajar a la playa a dejar que los perros y Simón se asilvestren un poco, dando carreras. Porque en Madrid dejamos un tiempo veraniego, pero aquí está nublado y hace frescurri de manta nocturna, así que de bañarse poco o nada nos queda.

Siento en el ambiente energías extrañas de luna llena. Siento a las personas cuesta abajo, y con pocas ganas de mantenerse en pie. Siento tristezas, desánimo y desamores. Quizá sería importante que llegara el otoño y barriera de golpe los restos del verano. Los finales de algo siempre conllevan ese tipo de sensación, como de desánimo o de “quécojoneshagoyoconmivida.” Creo que necesitamos tormentas. Nada sienta mejor al cuerpo que una buena tormenta. Rayos, truenos, centellas y tú detrás de la ventana. Contando “uno, dos, tres, cuatro, cinco… trueno. Se acerca.”

Yo estoy bien. Por esta vez, la luna no va conmigo. Karlos también ayuda, claro. Con su paciencia infinita y sus bocadillos especiales con hojas de espinacas para mi anemia. Con sus sacos de boxeo y sus bizcochos caseros. Con su disciplina guerrera de marine y sus mensajes de amor en el vaho del espejo del baño. Nuestro capitán contraste. ¿Quién dice que todas las personas caben en un solo prototipo?

Pienso mucho en María. Creo que le gustaría mucho Zarautz. Y Karlos. Y Karlos en Zarautz.