DOMINGOTEO INCESANTE

Se adelanta el fin del curso y nos vamos mañana a casa. Alegría, alegría y pan de madagascar. No nos hemos portado nada bien con el compañero misógino, homófobo y fascista. Hicimos ruido y golpeamos reiteradamente el cabecero de la cama contra su pared bum-bum-bum. Por la mañana estaba visiblemente cabreado. Delante de los demás, dijo “Os lo habéis pasado bien ¿no?” con retintín y mala leche, imagino que buscando provocarnos algo de rubor, o avergonzamiento. Salió escaldado. No por mí, que no entro al trapo, sino por Karlos que aún estaba por allí. Le dijo que lo habíamos pasado muy bien, porque habíamos tenido sadomasoquismo, metanfetaminas y zoofilia con cucarachas. No sé de dónde le salen esas frases tan rápidas para contraataque de capullos. A mí por lo general, la capullez me deja mudo.
Ya se ha ido Karlos, porque mañana tiene que llevar a Simón al cole, así que volvemos a estar solitos, mi chocolatina de almohada y yo. Me encuentro bastante bien. Como con paz de espíritu. En parte porque ya sólo me queda un día para volver a casa, en parte porque he pasado las últimas horas en plan guarreteo sexual total y absoluto. La música amansa a las fieras, y el orgasmo a los hombres. Estoy convencido de que el 95% de las peleas se evitarían si todos folláramos convenientemente. Hombres, mujeres, guapos, feos, jóvenes, viejos, altos, bajitos… A cada persona amargada le falta sexo. Sin ir más lejos a mi compañero de pared, el homófobo, misógino, fascista y clasista, le falta a paletadas llenas. Si pudiera darse un revolcón esta noche con alguna chica que le pusiera los ojos del revés, mañana por la mañana nos cruzaríamos por el pasillo y estoy seguro de que se habría quitado ese jersey marrón de seminarista y esos calzoncillitos de postguerra, y me saludaría con una aaaamplia sonrisa de “ja-ja-ja-yo-también-follo-chincha”.
Me he puesto la televisión y he visto un rato a Jack Frost luchando en El Origen de los Guardianes. Los dibujos de esa película me parecen preciosos. Sobre todo Pitch. Me flipa su cara angulosa, sus mangas que se funden en negro sobre las muñecas, y sus caballos de terror explosionando sobre la tierra. La historia es un poco chorra, pero la película gráficamente es preciosa. Echo de menos a Simón aquí a mi lado viéndola con los ojos abiertos como dos uvas.
Es increíble lo pronto que te acostumbras a no estar solo.