ABAJO

Hasta hace un momento había creado justamente 666 entradas, y de repente, eso me ha dado muuuuuy mal rollo. Así que aquí estoy. Entrada 667 y rompiendo maleficios.
Pasan las cosas y no tengo ganas de contarlas. Me suele pasar de vez en cuando, de forma cíclica. De pronto, el mundo empieza a molestarme y nada me apacigua. Me vuelvo asilvestrado, cabreado, rabioso, impaciente y huraño. Las chorradas ajenas que normalmente paso, se me vuelven piedras en el zapato. Y me escondo. Me escondo en los rincones y muerdo furioso a quien intenta sacarme de lo oscuro. Son momentos en los que no quiero saber nada de nadie. Momentos en los que me pintaría de transparente con fundido de noestoy.
No sé si hay alguien más en el mundo a quien le pase, o mi esquizofrenia es solo mía y de nadie más. Si encontrara a otro ciclotímico de comportamientos similares, podríamos crear una asociación. Con una sala de reuniones de llave y candado, y un cartel en la puerta que dijera “reservado el derecho de admisión hasta que estemos de buenas.” Y allí dentro comeríamos gominolas y hablaríamos de lo cansino y pesado que se hace todo, cuando se siente uno más humano que divino.
Vuelvo a intentar migrar el blog, sin éxito. Si yo fuera mi plantilla, me escupiría. Y todo, TODO, porque quiero volver a dibujar los domingos (a dibujar algo que no sean dinosaurios en las paredes). Nada más que por eso.