VIERNES DE SANTA MARÍA

Empieza mi diversión con las plantillas. Ya he colocado una que me gusta, pero no logro que el autor (o sea yo) salga abajo en lugar de arriba. La colocación superfácil para inútiles de blogger me dice que está abajo, pero la vista previa me lo pone arriba. Ah… qué bonito es el html y la p***a madre que lo parió…
Bueno. Mañana. Por hoy seguimos con el gato y el papel con estampado de la abuela.
Ya he recogido toda mi marihuana seca, la he cortado, la he limpiado de cascajillos, la he sacado las semillas y la he envasado. En total, medio frasco de mierda. Eso ha sido todo lo que he podido sacar en limpio. No es como para darme el año de mi vida en colocones felices, pero menos da una piedra. También he sacado ocho semillas en limpio. La primavera que viene, volveré a plantar cinco plantas. Y seguramente, para cuando llegue noviembre, volveré a tener medio frasco de mierda y otras ocho semillas. Es mi sino. Soy un granjero absolutamente penoso. Yo como personaje de Las Uvas de la Ira, iba a haber dado un jueguito a Steinbeck que ni te cuento.
Como he estado haciendo aquí la limpieza de cascajillos, ahora hay un pestazo a marihuanaza en mi buhardilla de mil demonios. Huele todo. Mi ropa, mis manos, mis pelánganos, mi mesa, mi alfombra… Casi estoy por convencer a Karlos de que subamos a dormir hoy aquí esta noche, para ver si se me termina de desenfadar por lo del vuelo del tejado. Todavía le noto cierto rictus de cabreo interno. En pequeños detalles que no sabría bien especificar. Miradas que aparta y palabras que no termina. Dice que subirme al tejado fue un gran acto de egoísmo. Y que también lo es cuando hago eses con la bici por entre los autobuses, o cuando juego a saltar vallas con el monopatín. Dice que cuando hago esas cosas sólo pienso en mí.
La verdad es que no quiero razonarlo muy a fondo, porque si lo hago, tendré que afrontar que tiene razón. Llevo el gen de la autodestrucción. Lo heredé de mi padre. Siempre lo he dicho.