Fiefta

Hoy ha sido la fiesta del colegio de Simón y he cantado mi villancico. Ha sido un poco más absurdo de lo que ya me esperaba, porque al final nos han apagado las luces por detrás del escenario y nos hemos hecho la picha un lío con lo de la colocación del grupo, saliendo a escena todos trastabillados, y terminando cantando hechos una especie de pelota alborotada de papases con gorrito. Tanto ha sido así, que los coristas popompompón-pom-pom hemos terminado cantando en primerísima fila, y los tenores superestrellas de elcaminoquellevaabelén, casi metidos dentro de las cortinas, con lo cual, hemos sacado un tono de villancico descompasado y de lo más raruncio. Como una especie de anuncio de la lotería de Navidad, solo que con párpados y sin laca. No importa. Nos han aplaudido mogollón, y Simón me ha dicho que había estado presioso-presioso, así que misión cumplida. Él también ha estado presioso-presioso con su rock&roll, pero ha dado igual porque lo he grabado todo con el dedazo plantificado en el objetivo de la cámara. Culpa mía por coger uno de los cacharrines milbotones de Karloszeta. Si hubiera cogido mi nikon guarripei, a estas alturas tendría una película de Simón actuando, en lugar de los 25′  de mi dedo gordo en absoluta primicia.

He empezado a hacer una recopilación de recetas de todos los menuses navideños fríos y calientes para Nochebuena, que me he ido encontrando por esos mundos de blog. Tengo apuntados ya un0s 356 platos. Cierro los ojos y veo cebollas caramelizadas y rulos de cabra (de queso, no es que las cabras se hagan el brushing). Mañana cogeré la lista e iré tachando cosas hasta que me queden seis o siete entrantes que estén a mi alcance, y luego me dibujaré un croquis por fases de “cómo cocinar veinte chuminadas con un solo horno y dos zarpas, y servirlas todas calientes.”
Echo de menos tener 12 años, para poder apañarlos a todos con unas medianoches de salchichón, una fanta de litro y dos bolsas de ganchitos naranjas. Digan lo que digan, esto de crecer no siempre compensa.