Amor de tumor

Bueno, yo quería hacer post más cortos. Así que vino el diablo y dijo “pues me temo que no te va a quedar otra, chaval…”
Me operaron de un tumor hipofisario, el martes pasado. Nada importante, y nada que por ahora me mate, pero noto que todavía me cuesta concentrarme y no logro estar mucho tiempo mirando la pantalla sin que se me escore la cabeza un poco hacia la izquierda. Son flecos de la neurocirugía que poco a poco irán remitiendo. Los sobrellevo bien y algunos hasta me divierten (lo de irme hacia la izquierda tiene su punto Mr. Bean), sobre todo porque después de haber pasado 19 días seguidos con manchas de luz, y dolor de cabeza, mandíbula y nuca, ahora mismo hasta un poco de lepra me parecería perfectamente llevadera.

Me operaron por endoscopia nasal, así que ya no tengo dolor, pero sigo teniendo los mismos pelánganos. No sabría decir si eso es malo o bueno, pero cuando me despertaron y me ví con las narices rellenas de venda y pispajo a lo Cassius Clay, casi me alegré de reconocerme un poco por las greñas. Narices africanas con calva hubieran podido ser una combinación letal para mi, ya de por sí, exigua autoestima. Y narices de Cassius Clay, con calva y cabeza escorada a la izquierda ya ni te cuento. Como para esconderme en el wáter y no salir hasta Pascua.

Sí, no… no sé cuándo es Pascua. Cuando los niños yankees esconden huevos pintados entre los árboles ¿no? No sé. NO SÉ QUÉ ES LA PASCUA. Dejadme en paz. Soy un pobre chico hipofisario con pelánganos que se escora hacia la izquierda.
Ay… estoy contento de poder volver a escribir. De aquí a que vuelvan los tigres, esto va a estar chupao.