Guacamalo

Hoy no llevo un buen día. Estas cosas son así. Días de montaña y días de meseta. Hoy tengo uno de montaña. Hay un runrun de dolorcillo instalado permanentemente en mi coronilla desde las nueve de la mañana. Acabo de sucumbir y de tomarme una pastilla. No me gusta hacerlo. Echo pulsos con mi cuerpo para ver quién aguanta más. Si yo o el dolor, si el dolor o yo. Pero ya las horas que son como que me da iguaaaaaaaal… dentro de nada me acostaré, me enroscaré en Karlos Z. y empezaré mi tanda de sueños divertidos. Los sueños postneurocirugía son la caña de España. Cada uno más loco y surrealista que el anterior. Pronto empezarán a desaparecer, como el runrun, así que será mejor que los aproveche. No me queda nada, hasta volver a soñar las cosas de la gente normal. Volver a estar en clase y tener un examen… que alguien nos persiga y que no podamos correr… que estemos desnudos en veteasaberdónde y con veteasaberquién… Y se me acabará para siempre lo de jugar al frontón con Rajoy comprando zamburiñas, compartir jacuzzi con el hombre de Atapuerca, o ver una peli sobre un andamio a 10 metros sobre el suelo, junto a los enanos de El Hobbit.
Ayer fuí al trabajo a llevar el parte de baja, y mis compañeros me regalaron una tarta casera personalizada de Supermario Bros. Me puse bastante tontito con el detalle. Mi calladito colega de mesa me dijo que “se notaba mucho el silencio.” No supe interpretar bien si se refería a que me echaba de menos, o a que estaba feliz de que dejara de darle la matraca con mis listas absurdas del itunes. Me imagino que más bien lo segundo. Sea como fuere, la tarta estaba de-li-cio-sa. Porque la he comido, sí. LA HE COMIDO. Solo me tocaba la famosa fajita del trato con Karlos Z. pero como él no estaba, he ido más allá y he añadido dos trozos de tarta y unos cuantos nachos con guacamole. Resultado: tengo las tripas ahora mismo bailando un tango agarrao. Aunque la verdad es que no van a ser nada comparado con el “agarrao” que me va a dar Karlos cuando venga y vea lo del cuarto de tarta desaparecido y la bolsa de nachos abierta.

Es una puñeta esto de que justo a mí me tenga que tocar ser yo.