Minipost-1

Voy a probar a escribir así, medio escondido debajo de la manta para que no se vea la luz, antes de que Karlos me descubra y venga a quitarme el portátil. El neurólogo dijo que nada de electrochismes con pantallas luminosas durante un par de semanas, y Karlos, que me conoce bien, dijo que cambiaría las contraseñas de todos para que no pudiera usarlos a hurtadillas. Pero lo dijo con boca de amenaza mentirosa de padre. De esas de “como vaya y no esté recogido, te quedas sin salir.” Él sabe que no puede lanzarme amenazas de verdad, porque siempre hago lo contrario de lo que se espera de mí. Así que, a estas horas, me meto debajo de los edredones de mi guarida, con los gatos, y tecleo miniposts. Y Karlos desde abajo  grita “No estarás usando el portátil ¿verdad?” y yo respondo “¿Usando el portatil? noooooooo.”
Hay viento de galerna allá fuera. Silba, y ruge, y golpea las persianas como si estuviera cabreado con mi casa. El viento feroz me da pánico. Es lo que más miedo me da, después de las hormigas y los paraguas. Si vuelvo a nacer, intentaré no tener unos miedos tan imbéciles. Si vuelvo a nacer, me asustarán los ascensores y los enchufes. Y seré un poco más normal. Un poco.