Minipost-6

Qué bonita es Barcelona. Más bonita que Madrid. No sé decir por qué, pero la encuentro menos paleta. Como si estuviera dos pasos hacia delante de… alguna parte. Ojalá tuviera más tiempo y fuerzas para verla, beberla y comerla. Va a ser un bocado que me dejará con ganas, lo sé.

Me ha llamado Simón esta mañana, para decirme que se iba al cine con los primos a ver la película de lego. Estaba bastante emocionado. Me he puesto un poco idiota, y le he preguntado si me iba a echar de menos en el cine. Me ha dicho que sí. “Me gusta ir contigo al sine porque tú pones voses y eres grasioso.”  Ya ves. Los niños son como los perros. Cuanto más haces el gilipollas, mejor les caes. Karlos está fastidiado con eso de que mi cuñado se lleve a los niños al cine. Iba a jugar la baza de Simón para no llevarme esta noche a ver la legopelícula. Ya tenía preparado su discurso de “sería mejor que esperáramos a verla con el niño.” Ahora se ha quedado sin argumento estrella, y tiene que volver a recurrir a lo de que puedan estallarme los globos oculares y deje perdido el estampado de las butacas. No importa. Quiero ir. Quiero ver un batman de lego volando por la pantalla, con mucha música y mucho colorín. Veinte días mamando nolotil me han otorgado ese derecho. Además estoy de un bueno y ordenado con la comida, que ni me conozco. El buffet del desayuno en el hotel es grandioso. Hasta migas con chorizo que hemos visto. Y yo no he sacado las zarpas de la tostadita con aceite, la rodaja de tomate y el quesito de burgos. Quiero cine. Qui-e-ro-ci-ne. También te quiero a ti, Jon Karlos. Por preocuparte de que me estallen los ojos y esas cosas. Y por lo de levantarte de madrugada para remeterme la manta y tocarme la frente. Que sí. Que estaba despierto. Que me he dado cuenta.