Mini-14 y no sé por qué estoy triste

Me duele mucho el hombro izquierdo. Creo que me lesioné intentando tumbar al capitán de caballería, con mi cargamento de indios. Ahora tengo una serpiente de dolor, que trepa desde mi omóplato hasta el cuello, se enrosca en mi oreja y me clava los colmillos en la nuca. Además he ido a mediodía a comer con Karlos para darme el lote en un cuartito de guardia, y ahí he terminado de joderme el brazo. No sé por qué hacemos esas cosas de quinceañeros. Bueno, yo sí sé por qué las hago. Porque al tocarme la hipófisis, me han hecho una especie de reseteo de la líbido y ahora mismo estoy que desbordo testosterona por las orejas. ¿Y Karlos? pues porque él directamente nació con la líbido reseteada en una especie de bucle infinito, y basta con que le digas una frase más susurrada que otra, para que directamente le broten cuernos, tridente y patas de cabra. Dice que cuando sea viejo será uno de esos sátiros, que van rozando culos en el autobús. Mientras lo dice, puntea la guitarra nueva con los pies descalzos, en alto, sobre la pared. El pelo alborotado de ducha y la camiseta gris. Tan guapo. Yo le digo “si ya eres viejo, Karlos” y él sonríe, tira de mi pijama y me sienta entre sus piernas. Apoya su mentón en mi hombro y dice “A ver, mosquito impertinente. Clave Do. Ese dedo en la segunda cuerda.”

Tan guapo.