Minipost-18

Anoche fuí a urgencias. Yo solo, en un taxi. Un médico maravilloso con pelos desordenados y pulsera de surfista, me hizo radiografías, me puso una inyección de infierno y me mandó una combinación de pastillas. Tenía una voz cálida y profunda, de las que pueden convencerte de que todo es posible. Una voz de consuelo. Me rendí con él. Con gusto le hubiera abrazado ahí mismo y me habría dejado mecer. Sin rollo sexual. Solo consuelo. Ea, ea, ea… Me diagnosticó un pinzamiento cervical. He empezado a tomar las pastillas y ya puedo moverme. Cuando me muevo, porque la mayor parte del tiempo, estoy sobando. Un sueño profundo y maravilloso. Creo que hasta ronco. Nunca dejaré de estar suficientemente agradecido al mundo de la química. Esta vez, en el pulso contra el dolor, ha ganado el dolor. Ahí te quedas pequeño cabrón. Devuélveme mi brazo. Un zurdo sin brazo izquierdo es como un conductor sin coche.