Mini-22 mientras vienes

Me han hecho la resonancia. A las 7:00h. de la madrugada. Todavía cuando avanzaba por el pasillo semioscuro oyendo mis pasos cloc-cloc-cloc iba pensando que me había equivocado. Que de algún sitio saldría alguien a decirme que era a las 7 de la tarde y que si estaba tonto. Pero no. Ahí me han metido, todo penumbroso, dentro del tubo con un silencio de morir lentamente. Tan silencio y tan morir, que Karlos desde la sala de espera ha escuchado cada uno de los alaridos de la máquina. Porque la máquina mete unos alaridos tremendos. Algo así como UAUAUAUAUA- AAAUIII AUIII AUIII – OAU OAU OAU… y así los 20 minutos que estás dentro. Las otras veces me ponían musiquita con unos cascos para que no me asustara y pensara que nos invadían los extraterrestres o algo (aún así he pasado mi minuto de duda), pero como eran las 7h. y debía ser el último curro del turno de noche, el enfermero estaba hasta las pelotillas de desnúdese – póngaselabata – túmbeseahí – nosemueva, y se ha limitado a ponerme unos cascos sin más. De esos que ponen a los controladores de pista. Y ahí me he quedado. Con mi batita paria, mis calcetines de rayitas, mi perita de socorro en la manita y mis cascos de controlador. Para hacerme un selfie con el móvil y petar el instagram.