Mini-23 y mucha tos

Me ha preguntado un chico que por qué no activo los comentarios. Le he dicho que porque no me parezco tan importante. Me ha dicho “entonces ¿por qué tienes los botones de compartir en redes sociales?” y le he dicho “porque el mosaico en marca de agua que pusieron me parece superbonito.” Se ha reído bastante, así que creo que ha debido pensar que lo decía en broma. Bueno.  Vale. Pues a mí me lo parece. Ya sé que soy raro. No importa. A base de serlo me voy casi acostumbrando.
He visto Her.  Aún no aguanto bien sentado dos horas, así que la busqué online, y la ví recostado en la cama con el portátil en las rodillas. Lloré mucho. Como un gilipollas absurdo. No sólo por la historia, que me parece conmovedora, lloré por Theodore, por sus complejidades emocionales, por todo el amor que lleva dentro circulando sin ningún camino, y por toda esa carga de belleza, tan simple, tan limpia y tan aterradora, que hay en todas y cada una de las escenas. Desde los rizos desordenados de Amy Adams, hasta el baile de las motas de polvo sobre el aire junto a la cama. Creo que hacía mucho tiempo que no me había enamorado así de una película. Lo estoy recordando ahora y ya me estoy poniendo absurdo otra vez. No sé por qué hay películas que nos entran hasta las vísceras. No sé en qué consiste. Pero ojalá que nunca falte un director que lo consiga.