Mini-25 y socorro…

Me dormí a las cinco. Me desperté a las siete. Fuí al médico. Me volví a dormir a las diez. Me desperté a las once. Me volví a a dormir a las cinco. Me desperté a las siete. Y así llevo todo el día. Duerme, despierta, despierta, duerme. Tengo una cara ahora mismo como para meterme en una jaula y alimentarme con insectos. En serio.

Hemos pasado una mañana superchupi en el centro de salud. La combinación mascarilla + ojeras + tos + pelos pegados + pijama bajo el chándal, no ha sido precisamente como para montarme un club de admiradores. Cada vez que tosía, se hacía el vacío más absoluto en los asiento de mi alrededor. Puedo decir que en los 25′ que he estado allí, he dejado la actuación sidosa de Matthew Mcconaubuaghs a la altura del betún. Karlos se lo ha pasado teta. Le encantan estas cosas. Puede echar tranquilamente toda una tarde asustando ancianitas. No paraba de vocear bien alto “¿has mirado si había coágulos en la sangre esta vez?” “¿ya ves por el ojo izquierdo? a ver ¿cuántos dedos hay aquí?” “¿necesitas escupir bilis? ¿te busco una bolsa? “mira, ¿te sientas al lado de esta señora mientras voy a por el periódico?  No le importa, señora ¿verdad? No tosas hacia la señora, Ari…” y así to the infinity and beyond.

Me encantaría poder decir que me vengaré, pero dudo que pueda. Recordemos que los vascos de poliespán nunca se ponen enfermos, y que mueren con un clic, como las desbrozadoras.