28 y San nosotros

Simón no se ha hecho astrofísico, pero nos ha hecho un cuadro de lentejas superbonito para el día del padre. Estaba todo contento, porque este año no había tenido que duplicarlo. “Lo he hecho grande para que lo podáis mirar a la vez y sea de los dos.” Yo iba a ponerlo en la puerta del frigorífico como las familias horteras yankees, pero Karlos se lo ha bajado a su taller-laboratorio del sótano y le ha puesto un marco y un cristal, para poder colgarlo en la pared con los demás cuadros mayores. Lo hemos colocado en nuestro dormitorio, entre los grabados africanos y las fotos de Estambul. Ahora las lentejas lucen cantidad de internacionales y han pasado a una especie de nivel superior, dentro del ecosistema de esta casa. Me encantan. En serio. Me encanta mi cuadro de lentejas macrocósmico. Hemos estado un buen rato Simón, Matraka y yo, tirados en la cama mirándolo con mucha atención. Le he preguntado cuántas lentejas había puesto y me ha dicho “no sé cuantas, pero un montón de varios millones.” Qué buena frase. Estoy deseando soltarla. Quizá esta noche. “Te quiero, Karlos. Pero un montón de varios millones.”

Hoy, día pse. Sin dolores importantes, pero somnoliento y aceporrado, con grave tendencia a la hibernación espontánea. De verdad. Hoy he sido lo más parecido a un platelminto. Y no a un platelminto marchoso, no. A uno en misa de domingo.