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Mañana iremos a verle otra vez. Al contrario que con Simón, conviene no dejar demasiadas pausas entre visita y visita, para que poco a poco se vaya a acostumbrando a vernos y vaya interactuando con nosotros. Tengo un torbellino de cosas para enseñarle y que sienta, pero me han dicho que vaya muy despacio para no agobiarle. Vale. Tiene su lógica. Empezaré por la mierda de tebeos. No me imagino a un niño de nueve años viviendo un universo de Dora la Exploradora. Eso me volvería autista hasta a mí. Pedro, en serio… hay cosas increíbles dentro de los tebeos. Hay colores, y vuelos, y fuegos, y luchas, y compañeros para siempre, y malos que se rinden, y buenos que ganan y besan a la chica. Eso va a ser lo primero que te enseñe. Anoche repasé con Simón mis 325.894 tebeos de superhéroes, sin sacar en claro cuál debo llevarme. Las argumentaciones de Simón me dejaban un poco out. “Tienes que llevarle a Hulk.” “¿Por qué?” “Porque es verde.” “¿Y qué pasa porque sea verde?” “Que el verde es mucho más molón que el rojo.” Quiero mucho a Simón, pero su entusiasmo permanente le hace un consejero algo complicadillo. Le pregunté a Karlos y sacó uno al tuntún. “Este”. “Ese es de Batman sin Robin. No es un buen ejemplo.” “Pues este.” “Ese es Dare Devil. Es ciego. No me jodas.” Al final cogió un folio, dibujó un monigote con polla y dijo “Hala. Llévale este”.

Karlos, llegado al momento “me tienes hasta el nardo” es purita sutileza.