Una de blanco y otra de negro

Lo blanco: tenemos excursión. Funcionó lo del te necesitamos. No con facilidad, porque no es tonto. “Hay tres perros y sois tres personas.” Pero para rebatir a la lógica aplastante se inventó la imaginación (y si no que se lo digan a la Biblia). “Ya, pero yo ayudo a Simón con el suyo porque es muy grande. Necesito que tú lleves a la perrita.” Ha aceptado. Sin grandes aspavientos, ni dar muchas vueltas. Todo lo contesta de forma escueta y aséptica. “A las nueve abren la puerta.” A las nueve. Ok. A las nueve del domingo. He llenado a Simón de instrucciones. Ojalá pudiera también llenar a los perros. No sé por qué. Luego al final nadie me hace ni puñetero caso, pero no sé. Me siento bien pensando que controlo la situación, supongo.

Lo negro: estoy preocupado por Karlos. Jokin le ha perdido el rastro desde ayer por la tarde. Dijo que llamaría por la noche y por la mañana y tampoco lo ha hecho. Lo más probable es pensar que simplemente tiene problemas con sus comunicaciones. Lo menos probable, que le haya pasado algo. Pero de pocas probabilidades está el mundo lleno. A pesar de eso, intento sacudir la cabeza y le espero igualmente mañana por la mañana, como anunció. Por eso. Porque me siento bien pensando que controlo la situación.