Crees que no lo entiendo, pero sí

Le enseño a Pedro a hacer tortilla de patatas. Hoy nosotros dos la cocina y Simón y Karlos, el descanso de guitarra en el salón. Pedro me mira batir el huevo con los ojos muy fijos en el movimiento de mis manos y esparce encima la sal, muy despacio, como un aprendiz de alquimista.

-¿Hacías esto con tus otros padres de acogida?
– No sé. No.
– Porque es aburrido ¿no?
– No.

Mira mis manos remover las patatas entre el huevo. Escurrir el aceite. Echar la mezcla en la sartén. Me coge del brazo.

-No les gusto.
-¿A tus otros padres de acogida?

Otra mirada. Expresión de nada. La nada del niño gato.

-Yo no les gusto.
-Ya. Bueno, a nosotros sí nos gustas.

Aprieta los labios, fija los ojos. Como lleva manga corta, cierra los puños desnudos.

– ¿Y nosotros? ¿te gustamos a ti?
– Sí.
– ¿Porque eres de la tribu?

Baja la cabeza y mira al suelo. Aprieta más los puños. Como no lleva el implante, doy un toque en su mentón para que me mire.

– Claro que sí. Porque eres de la tribu.

Mira de nuevo al suelo y vuelve a cogerme el brazo. Pero ya no lo suelta.

Cuando sacamos la tortilla a la mesa, todavía no lo ha soltado.