Ay…

Lo estoy pasando fatal con mi muela de mentira. Fatal de verdad. Con el de hoy, sumo tres días de dolor constante que va del moderado al mecagoendiós. Y el dentista no me ha podido recibir hoy, así que seguramente seguiremos hasta mañana tanto con el moderado, como con el mecagoendiós. No me alivia nada. Solo lavarme los dientes. Y son limitadas las veces que uno puede cepillarse los dientes al día sin parecer imbécil, así que… es un alivio de mierder. Sigo sin entender que me duela la única muela que tengo de erasmus, mientras que las nativas sigan ahí, calladitas, enteras y en su sitio. También sigo sin entender porque si me duele la encía cuando me toco, no paro de hacerlo. Con la yema del dedo, con el carrillo, gon da dengua… todo el día apretándome y diciendo “ayayayay…aquí me duele, aquí.” Me falta un hervor. Te lo digo. Si tuviera un ojo de cristal, estaría todo el día de quitaypon asustando a los niños, porque NO PUEDO ESTARME QUIETO CON MI CUERPO. No puedo. Es un hecho constatable. Soy lerdo. Asumámoslo. Me tiro de los tejados y me aprieto los dolores. Soy así.

Estamos buscando casa en la playa para julio. Somos tan tocapelotas como mi muela de erasmus, porque ya hemos visto 248.567 casas y ninguna nos parece bien. Creo que habremos apalabrado ya unas 28 y desapalabrado unas 32. Es complicado. Llevamos tres perros, tres gatos, una chinchilla, un niño que no camina bien, otro que no sabe nadar, un vasco que no soporta el calor y un rubio monguer que roba ballenas hinchables de los chiringuitos. A ver en qué rincón metes todo eso y que no asome nada por ningún sitio.

En serio… lo digo en serio. Si sabes de alguno, RAZÓN AQUÍ.