Malditas vacaciones

Voy a aprovechar que Karlos está en un entierro para hacer algún apunte. Porque luego vendrá, traerá un dossier de  casas de veraneos y me dirá “Ari, mira esto…” y así, entre mirar casas, llamar a casas y desechar casas, me darán las doce y pico, me sentaré al blog y pensaré “ufff…qué cansado estoy. Mejor mañana.”

Con esa tontería llevo desde el sábado. No existen casas para nosotros. Las que nos gustan tienen una sinvergonzonería de precios, y las que no son timos para guiris insensatos, se debaten a duras penas entre casa y corral. Si a eso descartamos mares fríos, mares revueltos, secarrales, casas sin perros y casas que no requieran 35 km. de coche para ir a comprar el pan… No hay casas para nosotros. Y hablamos de julio. Nos falta un mes raspón y aquí estamos. Mi cuñado vuelve a decirnos que dejemos a los perros en una guardería y que nos vayamos a un hotel, pero no podemos hacer eso. “Donde va uno, vamos todos.” Dice Karlos. Se lo recordaré la próxima vez que tenga que irse a El Líbano y yo aparezca por allí con los dos niños, los tres perros, la chinchilla, el saco de dormir y el camping gas.