¿Postuyo 7 bis?

Dos en un mismo día. No te importa ¿verdad?

Estaba pensando… en lo absurdo de las relaciones humanas. En lo curioso del amor. Leí en algún sitio que el proceso del enamoramiento duraba tres años. Los justos antes de que la dopamina, serotonina, testosterona y norepinefrina que segrega nuestro cerebro deje de circular por nuestro organismo. Lo justo para que volvamos a ser seres humanos, imperfectos y enjuiciadores. Lo justo para que “ese lunar tan bonito que tiene mi Pepe” se convierta en “deberías hacer que te miraran esa mancha tan asquerosa, José Luis”. Tres años.  Nosotros  ya hemos cumplido ese plazo. Justo hizo tres años en febrero que nos conocimos. Y… no lo siento, Karlos. No siento que la dopamina, serotonina, testosterona y norepinefrina que segrea mi cerebro haya disminuído, ni tenga visos de llegar a hacerlo. Tampoco lo siento en ti. Te he preguntado si te daba pena perderte la ironman y has dicho que lo único que te daba pena perderte eran mis “buenos días.” Que la ironman te sudaba la polla. Son cosas que dices sin pensar. Cosas que no expresas para llegar a ningún sitio y que sin embargo, me atraviesan y se me quedan dentro. En esa especie de núcleo de calor que toda relación necesita mantener vivo.

El nerd huérfano y raro y el deportista alfa triunfador cosechador de éxitos. ¿Quién iba a poder imaginárselo?

Así que estaba pensando. Estaba pensando en que a veces  es estupendo que el mundo no sea solo ciencia, ni estadística. En que a veces… es estupendo que el mundo solo gire por instinto. Y que en algún lugar, en alguna esquina, de alguna ciudad, de algún país, de algún planeta, existan dos tíos imposibles, separados por 8.000 kilómetros, que consigan formar una excepción que confirme una regla.