Inciso

Hola blog. Inciso de postcartas lloricas. Karlos ha aparecido hoy en la puerta de mi trabajo. Se quedará hasta el sábado y luego se volverá a marchar. HASTA EL SÁBADO. YABA-DABA-DOO. Anoche me dió bajón anímico y estuve pimplándome una botella de cava peleón yo solito, una vez que se acostaron los dos minis, así que me he levantado dolorido, espeso, resacoso y sintiéndome genéticamente cercano a un escarabajo boñiguero. No era de esperar que el curso del día cambiara y pasara del buej-arghs-snif al yaba-daba-doo, así que doy gracias a los dioses que no existen y a la fe de la que voy sobrado, por aquello de que SIEMPRE acontece lo inesperado (nepoeta).

Tan guapo. Tan rebozado de arena y barro. Tan despeinado. Tan sonriente. Todo dientes blancos. Todo abrazo de los que te crujen huesos. Veinte minutos de ducha. Compartida, qué coño. Como que me iba a quedar yo fuera. Y una mierda. Es algo así como “Bueno, pues…  ¿alguien quiere ducharse conmi…?” “¡¡SIYOYOYOYOYOYOYO MELOPIDOPARASIEMPRE  PORMÍYPORTODOSMISCOMPAÑEROS!!” No sé. No lo recuerdo bien pero puede que ya me hubiera quitado los pantalones antes de cruzar la puerta del jardín. Apuesto a que algún calcetín he dejado colgando del aligustre.

Ahora se está afeitando. El olor de la espuma y la loción, el silbido de Le Llamaban Trinidad. Es el silbido de la vuelta. Siempre el mismo. Qué buenas son a veces las cosas que no cambian. Saben a costumbre y paz. A hilo bien trenzado. De vez en cuando, vuelvo a entrar y a abrazarlo por la espalda. No es un abracito ñoño. Es uno tipo “comprobemos que sigues aquí.”

Llama mi suegra. Desde mi abrazo de comprobación nº 4 oímos a Simón decirle “LLAMA LUEGO PORQUE AHORA ESTÁN TOOOODO EL RATO DÁNDOSE BISITOS.” Nos descojonamos un poco.

Oye…¿y si no te vas?