¡Croac!

Me sale el cansancio desde dentro y es un cansancio raro y malo, porque se come toda mi inspiración. Me quedo en el sofá trazando ideas “quiero dibujar esto”, “debo contar aquello así y asá” pero me quedó en el sofá. Ahí hundido, jugando a videojuegos de smartphone muy tontos y repetitivos. Soy un gran partidario de hacer siempre lo que te salga de los cojoncillos y cuando el cuerpo te lo pida. Partidario de dormir si tengo sueño, comer si tengo hambre, y quedarme tirado si no me arrancan los motores. Porque al final es cierto que luchar contra ti mismo es cansadísimo. Pero es que… ahora mismo soy como un sapo gordo y absurdo, sentado en un nenúfar. Y la verdad es que la sensación no es mucho mejor que la de ir a contracorriente. Así que quizá sea hora de desenganchar la cápsula de salvamento de la nave nodriza y salir dentro de ella echando hostias. Además… se lo debo a los gatos. Hice este blog para ellos. Y me miran desde la mesa los tres, con cara de “ya no nos dibujas, cabrón.”