Y…qué mal escribo por las noches

Hoy ha venido el chico de suplencia que va a ayudarme en vacaciones. Tiene una expresión de cara tipo lemur, que le da un airecillo algo lechuguino. Y también un enchufazo por parte de la gerencia como la copa de un pino, así que es posible que para cuando yo vuelva de mis vacaciones sea un lemur lechuguino que esté ocupando mi puesto, y a mí me manden a la tienda a perchar bragas. Por ahora, le estoy enseñando. Reconozco no poner demasiado empeño en ello. En parte porque yo también me voy en breve de vacaciones, en parte porque me desespera un poco su lechuguinez. Ha venido perfectamente impecable con su traje y su corbata, y ha estado un rato mirando mi camiseta paria con cara de nada. “Me han dicho que había que venir con traje.” ” Sí. La historia del traje y la corbata. Un coñazo ¿no?” “En absoluto. Me gusta ir en traje.”  “¿Ah sí? ¿En agosto también?” “Sí. No me molesta.” “¿Con 39ºC en la calle y eso?” “Claro. Ir bien vestido en una empresa es importante.

Ir bien vestido en una empresa es importante. Claro. Sí. Eso es lo importante en una empresa. Llevar zapatos de brillo. El lemur lechuguino y yo tenemos poco futuro como coexistentes laborales. Él no soportará mi caos esquizoide y yo no soportaré sus corbatas, ni el tipi-tipi-tap de sus suelas de piel. Calculo uno o dos días para que empecemos a darnos codazos. Si no, al tiempo.

Recuerdo perfectamente el día que mi jefe me entrevistó. Para comprobar mis dotes creativas, me pidió que le dibujara algo rápido en  un papel y le dibujé una heroína galáctica medio desnuda con dos pistolas láser. No entiendo que no se diera cuenta entonces de lo que se le venía encima conmigo. De verdad. Nunca lo entenderé.