Y… uno

Ya volvimos. Leo el último post y me acuerdo de la angustia de esa noche. Casi no me reconozco. Al fin y al cabo yo era el chico que recorría Madrid de casa en casa con tres gatos y un perro, buscando un agujero donde dormir. Y no hace tanto tiempo. Quizá debería empezar a aceptar que soy la V.2 de aquel Ariel. O quizá el Ariel D.C. (después de Carlos). Sea como fuere… qué bien que hayas pasado, Julio. Si normalmente no me caes bien, este año te hubiera metido con gusto una patada en el culo, que te habría incrustado directamente en Diciembre. No está siendo un buen año, ni un buen verano. Yo quiero otoños. Necesito otoños. Los veranos son para los extrovertidos y los otoños para los lunáticos. Karlos quiere ir a Moreea por nuestro aniversario. En plan viaje DE LA HOSTIA. Yo le digo que no es una buena idea. Que este año no debemos ir a ningún sitio, porque todo saldrá mal. Volveremos con diarrea, nos robarán las maletas o descubriremos que no nos caemos tan simpáticos como creíamos. No. Definitivamente, este es un año para quedarse en casa y esconderse hasta que pase. Hasta que se evapore. Hasta que diciembre estalle bim-badabum y nos haga saltar el pellejo muerto.