Calor y miaus

No he dormido nada, y nada es mucho. Qué se yo… quizá dos o tres horas. Hacía demasiado calor, la sorda de la casa de al lado había puesto una radio en la ventana y la gata estaba en celo.  Así que cada vez que terminaba una cosa, empezaba a joder otra en una especie de tiovivo insomne del infierno. Karlos roncaba sin problema. Él es capaz de dormir hasta haciendo el pino puente en mitad de una mascletá, pero yo… yo era puro rueda-datelavuelta-miraelreloj-levanta-vuélveteaechar. Hacia las cuatro de la madrugada el calor se apaciguó y la sorda se durmió. Tequila no. Ella siguió zumba que te dale maullando y lloriqueando, mientras los otros dos le contestaban. Creo que ya eran casi las 5h. cuando decidieron callarse y pasar a cosas más útiles como afilarse las uñas en mis huevos. La verdad, no entiendo porque no me quedé con aquel loro de mi cuñado que me llamaba puta. Estaba de lo más conjuntado con el ecosistema de mi casa.