Loros entrópicos

Pues…estamos bien. Todo lo bien que se puede estar con un loro que te despierta llamándote puta. Es increíble, con la de bichos que hay en esta casa, y que en tres días se haya convertido en el epicentro de toda nuestra actividad. Cuando nos despertamos “¡fóllame-puta!”, cuando estamos preparando la comida “¡fóllame-puta!”, cuando regamos el jardín “¡fóllame-puta!”. Ya es como una especie de entropía cósmica de fóllameputas girando a nuestro alrededor 24h. al día. Creo que si tuviéramos que quedárnoslo más allá de quince días, terminaríamos aún peor que el loro. Gatos, perros, chinchilla y niños, lo sobrellevan con maestría. Los vecinos no tanto. Si el loro es nuestra entropía, nosotros somos la del vecindario. No me sorprende mucho si nos veo desde fuera. Paredes con grafittis, niños sordos, macetas de marihuana, un subsahariano de 2 metros regando el jardín, perros mutilados, chinchillas paseando sueltas por el césped, matrimonio del mismo sexo intentando batir el record de vueltas en una hamaca de colgar… Nos rodea una colonia militar. Se supone que para mantenerse integrado, uno debería llevar un comportamiento estable y ordenado.

Desde luego nada que ver con loros que se pasan el día pidiendo sexo.