Zarautz

Estoy en Zarautz. Hemos venido los cuatro a pasar el fin de semana, coincidiendo con que yo tenía que hacer trabajo en Bilbao y Karlos tenía que firmar unos papeles del notario (dato superbonito que cuando lo leas te importará una mierda). Llegamos ayer por la noche, y esta mañana ya nos hemos levantado a las 6 para ir a surfear. Suena bien decir “surfear”. Parece que he hecho algo guay y cool, pero en realidad lo único que he hecho ha sido caerme de la tabla 25 veces de cada 24. Estoy aprendiendo. Bueno, en realida llevo MESES aprendiendo. O mejor dicho… estaré todo la vida aprendiendo. Sí. Tendré 76 años y Karlos desde un barquito adaptado para sillas de ruedas me seguirá diciendo “venga Ari…ahora flexiona las rodillas y cuidado con la dentadura…”
Estoy muy bien sentado aquí fuera. Con camiseta de manga larga. Ojo al dato. Y oyendo el mar comiéndose las rocas allá abajo. Esta casa es una pasada. Siempre que vengo aquí lo pienso. Karlos sigue diciendo que quiere venderla porque le da mucho trabajo. Yo no quiero que la venda. Es mi sitio de recarga de pilas favorito en el mundo mundial. Ahora mismo aquí sentado con el colacao siento como que no pueda pasarme nada malo. Lo cual es un espejismo de puñetas, porque mañana volvemos a coger la tabla y yo volveré a beberme el mar. Pero bueno…

Tengo un dibujo en la cabeza pero no puedo ponerlo porque no tengo aquí la tableta ni el scanner. Cagoentó. Lo doy por perdido porque soy como una gaseosa. Una vez destapado o se me aprovecha, o en media hora pierdo toda la gracia.