Aquí

Ya estamos de vuelta y Madrid nos ha recibido con un beso de 37º de temperatura. Muy inspirador ¿eh? bueno, que no cunda el pánico. La semana que viene ya tendrá aires de otoño. Y a mí me tocará regenerarme, en plan alcornoque tardío, porque ahora mismo… no hay quien me soporte. Entre calores y dolores, estoy que no paso una. Yo mismo me cruzaría dos tortas minuto sí y minuto también. Esta mañana he pedido perdón a Karlos por mi insoportable carácter de los últimos días. Me ha abrazado durante mucho rato con un ea-ea-pobre-mosquito. Esos abrazos son para mí como meterme en un cargador de baterías. Me agarro a su camiseta con las dos manos, hundo la nariz y me relajo en el balanceo. Cuando ya afloja los brazos y vuelvo a la realidad del exterior, me siento hasta guapo. Karlos se acostumbró a mis ciclotimias. Puede que eso nos asegure un matrimonio estable por lo menos hasta el 2050. Mientras preparaba el café le he dicho “tú siempre me comprendes” y él ha contestado “las parejas están para eso.” Pero no, no creo que sea cierto. Yo he tenido todo un rosario de parejas que no sabían qué demonios hacer conmigo. Creo que esto de los amores es como tirar de una ruleta. Cierras los ojos y rezas por caer en la casilla adecuada. Y solo lo consigues una vez de cada 39.

Este año estrenamos colegio. Para los dos niños. El último curso ha sido un ir de la ceca a la meca con el coche todas las mañanas y nos ha vuelto a los cuatro un poco chiflados. Ahora los dos estarán en el mismo colegio y además, más cerca de casa. Buen colegio. Creo que hemos hecho bingo. Aún así, he tenido mi momentazo de odio esta mañana, cuando hemos ido a recoger los libros. La mujer que había en el chiringo me ha echado un vistazo rápido y señalándome le ha dicho a Karlos “el mayor va para bachillerato ¿no?” Sí. Genial. Muy divertido y muy estupendo. Todo muy muerte y destrucción y tal…

Es por los pelos. Tengo que cortarme el pelo YA.

Y quitarme estas camisetas.

Y estas zapatillas.

Y este yo.