Imbécil Style

Estaba yo zumba que te dale con que tenía que cortarme el pelo. Y Karlos zumba que te dale con que no lo hiciera. No es para hacerle mucho caso porque Karlos me escarba con los dedos entre el pelo y se queda en trance risqui-rasca como si estuviera acariciando una cabra. Puede quedarse horas perdido en el limbo de mis pelánganos mientras lee o ve la tele, así que claro… cada vez que toca esquilarme es un minidrama. Y él un miniplasta. Que hasta a esconderme la maquinilla ha llegado, con tal de que mis cejas no volvieran a ver la luz. Pero yo aguanto hasta que ya no aguanto. Y 38º sumados a una vieja miope que me llama quinceañero es demasiado peso para mi alma, y para mi cabeza. Así que hoy he cogido mis 20′ de pausa de café y con esas me he metido en la primera peluquería que he visto con fotografías medianamente actuales en el escaparate. Y le he dicho al chico “lo quiero muy corto de los lados, un poco más largo por arriba, y con flequillo.” Pero se ve que con el ruido del secador y el hilo musical elegí un mal momento para comunicarme con un peluquero, porque él ha entendido: “como José María Aznar acudiendo a una recepción del Papa, pero marcando mucho el brushing para perfilar mejor el estilo de imbécil.” Y oye… que el chaval lo ha clavado ¿eh? pero clavado, clavado.