Que ya vuelvo, que ha sido un lapsus

He bloqueado mi contraseña en la web del laboratorio y no me puedo descargar los resultados de mi análisis. Mea culpa. Calculo que la habré escrito mal unas ventidós o ventitrés veces (en realidad es un milagro que la página de registro no me haya insultado directamente). Creo que tanta neposubnormalidad repentina significa algo. Algo relativo a que NO QUIERO SABER hasta qué punto tengo los niveles hechos mierda. Ya no estoy tan cansado (síndrome del dentista. Te deja de doler en cuanto pisas la consulta) pero la verdad es que desde que volví de vacaciones no recuerdo que haya pasado ni un solo día en el que no haya comido todo lo que no debo. Palmeras de chocolate, patatas fritas, quesos con 5.328% de M.G., gominolas de colores, gasteitzarras haciendo pesas… Eso supone que ahora mismo mis venas estarán como chistorras, mi glucosa expandiéndose como el universo y mi célula (o células) cancerígenas levantarán las manitas para hacerle la ola a los anticuerpos mientras gritan: “yi-hiiiiiiiii ¡festivaaaaaal!” Mañana tengo que hacer la compra. Y a Dios pongo por testigo que nunca más volveré a comprarme cochinadas de zampabollos. Que no pienso salir del pasillo de las acelgas, los tofus y los cereales que no saben a nada. Que NO PISARÉ la sección de comida prefabricadas y Reposterías Martínez. Que ni me acercaré al estante de los regalices, pipas, kitekats y emanemes. Que hasta Navidades voy a ser TAN BUENO, que hasta me voy a dar asco por repelente. En definitiva…a Dios pongo por testigo, que a partir de mañana… no volveré a ser yo.

Sí, ya sé que una frase he puesto “nunca más” y en la otra “hasta Navidades.” Lo siento. Es que según voy escribiendo este post  me voy arrepintiendo. De hecho, es probable que para cuando llegue al punto y final, ya me haya levantado a por un donut.