Dietas

Ya he recogido mis análisis. No los he abierto. Mañana. Porque  hoy voy a cenarme ocho kilos de paninis grasientos regados con cava frío y no quiero sentirme peor de lo que ya me siento. Es mi despedida. Acabamos de venir de la compra y he llenado el carro de cosas sanas y guais (lo que prometí, cumplí). Y no solo eso. He estado empollando sobre dietas vegetarianas, ovolácteovegetarianas, piscivegetarianas, chiripitivegetarianas y todas esas cosas tan cuquis que salen en las revistas de la gente guais. No porque esté a favor de lo de no zampar comida con ojos (aún a pesar de lo encomiable de ser animalófilos, me resulta un poco borriquero lo de obviar que genéticamente desarrollamos los colmillos en nuestra dentición por algo), sino porque tengo que bajar el colesterol como sea, y lo de cortar por lo sano la carne, me parece la forma más efectiva que voy a encontrar. Eso ha supuesto mucha tristeza en mi cesta de la compra. Sin pasarme demasiado en lo del consumo de soja, por aquello de no inflarme a estrógenos y terminar teniendo tetas apretables, todo lo que he comprado era triste y gris, y tenía fotos de parejas vestidas de lino blanco paseando sonriendo por la orilla de un mar. Huid de las cosas que lleven parejas vestidas de lino a la orilla del mar. De verdad os lo digo. Da igual que sean libros, galletas o enemas monodosis para la limpieza del colon. Sea el artículo que sea…huid.