I’m fine

Le hemos cambiado el look a Pedro. No parece el mismo niño. Nos hemos desecho de las zapatillas con velcro y las cosas negras. Hemos abierto la puerta de las cosas divertidas con dibujos, colores y letras. Una de las camisetas reza “I’m fine”. Pues claro. Claro que sí, demonios. También le hemos quitado el flequillo sobre la nariz y el pelo de bellota. Tiene unos ojos bonitos. Como de miel, con pestañas tupidas. Ya está bien de esconderlos hacia abajo. No creemos que volverte luminoso signifique que nadie vaya a aceptarte más, pero sí que te aceptarás más a ti mismo. Y lo de escuchar el mundo. Eso es importante. Ya no se quita el implante, más que para dormir y ducharse. Escucha la música y a veces le sorprendo moviendo la cabeza con las canciones. ¿Cómo no vas a volverte gris sin música? ¿cómo no vas a aislarte? El habla va despacio. Pero no importa, porque al menos, va.

Se mira en el espejo con las sudaderas nuevas. Se observa atentamente los pantalones y las botas. De un lado y de otro. Aprieta los labios y entorna los ojos. O sea, satisfacción. Me pongo a su espalda y le pregunto por signos en el espejo “¿qué te parece?” y él contesta “creo que así gusto más.” Le sonrío. “¿A las chicas?” Se queda mirando al frente, como pensando. Luego vuelve a mirarme y esboza media sonrisa. “A la gente.”