Algo bonito

No tengo ganas de que llegue mañana, así que voy a hacerlo más llevadero escribiendo algo hoy. Hola Ariel. Dentro de cinco días coges vacaciones. No está mal ¿no? podrás comprar tus ratones blancos y hacer tus telarañas de azúcar e ir pintando tus calaveras y toooodo eso que quieres hacer para LA P**A FIESTA DE TERROR DEL AÑO. 21 niños. Eso sí que debería darnos terror. Dice Karlos que algún padre se quedará a ayudarnos. No sé yo. Atraemos a los niños tanto como repelemos a los padres. Creo que nos tienen algo de miedito.

No he dormido nada. He pasado media noche pintando a Nightcrawler en la pared y la otra media haciendo tyrannosaurus de arcilla. Noche artística. Creo que estoy un poco loco. No es que sea una novedad, pero a veces no dejo de sorprenderme. El tyrannosaurus es fantástico, aunque demasiado gordo. Parece un tyrannosaurus recién comidito. Lleva todo el día secándose porque Karlos no me ha dejado terminar de secarlo en el horno. “No metas dinosaurios en el horno de la comida.” Genial la frase. Me ha encantado. Voy a pintarlo con rayas de tigre. Para que Pedro se pase tres días mirándome con aire lúgubre y diciéndome “no es un tigre. No puede pintarse como un tigre.” Jugamos Pedro y yo, a desconcertarnos mutuamente. Es la forma que tenemos de gustarnos. Y funciona. Nos gustamos. Él necesita mi absurdo y yo su lógica. No para aprovecharlo, no. Simplemente para saber que está ahí y que existen otros mundos más allá del nuestro.

Estoy mirado a Karlos por encima de la pantalla mientras escribo esto. Él es guapo y ordenado. Le veo impecable, leyendo el periódico. Periódico de papel. “¿por qué compras periódicos de papel los domingos?” “porque los domingos por la mañana tienen que oler a café y a tinta.” Mh… vale. Me gustaría ser impecable, como Karlos y estar ahí sentado, con mi camiseta blanca-blanquísima y mis biceps marcados, y no estar metido en esta camiseta XXL rota por el sobaco, ni con estos pantalones viejos que solo tienen uno de los cabos del cordón, ni siquiera con este monopatín rodando debajo de mi pie descalzo, hacia delante y hacia atrás sobre la tarima, ripsss-rapssss. Me gustaría haber dormido anoche como los demás y no haberme puesto a formar dinosaurios a las seis de la mañana. Me gustaría ser menos yo y ser un poco más tú. O ese. O aquel de allí.

Pero a él no. A él no le gustaría que lo fuera. Lo sé porque baja el periódico, me sonríe y dice “¿me escribes algo bonito, txori?”