Boletus

Jorge el curioso (actualmente hospitalizado con otro ataque de ansiedad) no firmará contrato. Por lo visto, no quieren trabajadores ansiosos. He tenido una conversación muy interesante con mi jefe en la que ha dicho que él necesitaba “gente equilibrada.” He debido mirarle con ojos de estupor porque ha añadido “tú eres equilibrado dentro de tu locura.” Me ha descolocado esa frase. Al final no he sabido si tenía que darle las gracias o cagarme en su padre. Bueno, pues adiós a Jorge y otra vez a buscar a otro. Mientras me han vuelto a caer en los lomos todos los trabajos del mundo mundial. Estoy un poco agobiado. Lo sé porque me vuelven a doler las cervicales. Cuando me duelen las cervicales es porque:

A) Estoy asumiendo más trabajo del que debo.
B) Han vuelto a poner caracolas con pasas en la máquina de los bollos y me paso 20′ empujando para que me caiga un 2×1.

No voy a mentir. Suele pesar más la posibilidad B que la A. Si en vez de caracolas pusieran galletas-serrín con fibra de esas que desayuna Karlos, el estado de mi espinazo sería bastante más satisfactorio.

La semana que viene estamos de vacaciones. Aparte de dedicarnos al montaje de la fiesta, Karlos quiere aprovechar para hacer alguna excursión a la Fuenfría para coger boletus. Boletus. Nunca deja de sorprenderme. Yo ya le he advertido que ir a coger setas conmigo equivale a desarrollar un logaritmo neperiano con Sin Chan porque no tengo ni puta idea (de hecho, hasta anoche no sabía ni qué demonios era un boletus), pero aún así, no hay quien le quite la ilusión. Pues bueno. Pues vale. Pues hala. Pues me iré de sujetaboletus.  Y a lo mejor hasta me atrevo a coger alguna por mi cuenta. Con supervisión. No vaya a ser que termine con los ojos amarillos y la lengua negra, y aún pueda servir como decoración de Halloween de mi propia fiesta, dentro de un marco con dos chinchetas.