Señor Blog:

No te abandono. Nunca lo hago. Puedo dar un paseo por los alrededores… Marcharme unos días… Asomarme a otros mundos… pero abandonarte nunca. Ya lo sabes. Pase lo que pase, transcurra el tiempo que transcurra, siempre vuelvo aquí. En realidad, mi sitio es este. Mi isla con volcanes. Mi cruz en el mapa. Lo demás son puntos itinerantes de quita y pon. Tengo que tener la cabeza centrada, ya sabes. Cuando se me descentra, entro en stand-by y no soy capaz de sacar nada. Y como nunca entenderé de deberes y obligaciones… pues hago lo que me pide el cuerpo; cubrir paredes de blanco para empezar a pintar de cero.

Hemos estado asustados esta semana con el resultado de unas pruebas médicas. Bastante asustados y sin que se nos notara. Hemos sido bastante campeones. Nadie ha sido consciente de nada, sólo Karlos y yo. Los únicos que lo sabíamos. Ni niños… ni familia… ni amigos… ni cibermundos…  Al final hemos tenido suerte y estoy bien. Aún estoy bien. Me gusta mucho subrayar ese “aún” y no olvidarme de que nada es eterno, ni permanente. Muy taoísta y muy pacificador. No hay males que no puedan volver, pero tampoco males que vayan a durar cien años. El día 11 es nuestro aniversario de bodas. Solemos celebrar más el día que nos encontramos por primera vez en aquel piso de Malasaña, que el día que nos casamos, pero este año nos ha dado por ir del revés y celebraremos el aniversario de boda. Al revés también. Cogeremos nuestras mochilas patagónicas y nos iremos de viaje. Aún no está claro dónde. A algún lado. Cuatro días. Siempre le pregunto a Karlos si no echa de menos aquellos viajes de hace años, cuando dormía en mitad de la selva de veteasaberdónde y se recorría en jeep el desierto de veteasabercuál para escalar la montaña de veteasabercómo, y él siempre me responde que hay un momento para cada cosa.

Me apetece mucho cambiar las cosas de Karlos de sus momentos correspondientes. Los grandes amores están para eso. Para descolocarte la vida.