Tres años

Hace tres años era viernes. Y me desperté en un piso de Zarautz, con un poco de resaca porque la noche anterior había estado bebiendo demasiado vino. Y me dí una ducha fría y me puse una camiseta de Mario Bros. Con unos vaqueros viejos, mis zapatillas rojas y una chaqueta de smoking. Negra. Nuevecita. Impecable. Y desayuné huevos fritos con media barra de pan y un café con leche. Y mi suegra, que llevaba un vestido violeta con un chal negro gritó desde el pasillo “¡¡por lo menos peinaos un poco!!”

Hace tres años era viernes. Y un concejal del partido popular en un ayuntamiento me preguntó si consentía en contraer matrimonio con Jon Karlos Z. Y yo, que tenía que decir “sí, consiento” me atasqué y solo dije “sí.” Y el concejal preguntó “¿sí qué?” y yo respondí “sí, señor.” Y aquel Jon Karlos Z., alto y con ojos de frío, que consentía en contraer matrimonio con Ariel R. Serlik, se descojonó. Y hasta las lágrimas le cayeron, sin que uno pudiera saber si en realidad mi despiste le daba la oportunidad de disimular una emoción encubierta. Y tal que así quedaría para siempre en las fotos. Llorando de risa. Alto y con ojos de frío. Con la camiseta de Luigi Bros, los vaqueros viejos, las zapatillas verdes y una chaqueta de smoking. Negra. Nuevecita. Impecable.

Hace tres años y un día, era sábado. Y Jon Karlos Z. y yo, estábamos tumbados en una cama de Malasaña. Y comíamos palomitas de un cuenco sobre mi estómago, mientras una chica en la televisión, lloraba por desamor. Y yo pregunté “¿Crees que dentro de tres años estaremos igual de bien?” y Jon Karlos Z. metió la mano por debajo de mi camiseta de pijama y contestó “No. Creo que estaremos mejor.”