Puchero islandés

Empezamos nuestra cuenta atrás. Todo está listo. Billetes, mochilas, botiquines, ropa de bajo cero, planos, transportes, alojamientos, tarjetas, cámaras inmanejables, compañero de viaje con novio cocinero… He estado echando un ojo a las rutas que vamos a hacer. Los nombres son como si te hubieras tragado un pelo. Vatnajökull, Jökulsárlon, Seydisfjördur… Cuando vuelva al trabajo, me temo que voy a tener que relatar mis aventuras diciendo “el sitio este de aquí-la ciudad esa de allá” porque como intente hacerme el chulo, termino escupiendo narices como un campeón. También he echado un ojo a la gastronomía. Sí. Siempre lo hago. Los zampabollos paletos somos así. Mientras los demás estudiáis lenguas, paisajes y culturas, nosotros nos fijamos en los nombres raros y en los pasteles. Aunque la verdad es que en esta ocasión lo que son pasteles… pocos, porque resulta que los islandeses comen cosas divertidísimas, como tiburón podrido, ojos de oveja y testículos de carnero. Se lo he contado a Karlos y me ha dicho “Hombre, también hay cosas deliciosas, como la cabeza de cordero ahumada, el licor de patata, el pan ácimo con grasa de ballena…”

Sí, es muy gracioso Karlos. A lo mejor le empujo al volcán Askja, aprovechando que es uno de los pocos que he aprendido a pronunciar.