Juan Canuto

Tenemos chico nuevo en la tribu. La rapidez de Karlos Z. en reponer perros, es pasmosa y directamente proporcional a mis depresiones de encerrarme en la buhardilla a pintar paredes. Ayer por la tarde dijo que tenía que hacer unas gestiones de trabajo y que volvería ya de noche. Esta mañana ha vuelto a desaparecer desde las 6.30h. de la madrugada. Le oí venir de correr, quitarse el chándal, ducharse… Mientras se volvía a vestir asomé la nariz por el edredón y le dije “¿otra vez te piras?” me dió un beso en los pelánganos “cosas de curro.” A eso del mediodía lo ha traído envuelto en un trapo. No abulta nada. Le calculamos un mes, a ojo. Le he llamado Juan Canuto. Nada más verle he sabido que tenía que llamarse Juan Canuto. No ha venido sucio y desgreñado, como mis otros perros. Este está limpio y lustroso, a pesar de que lo sacaron anteayer de un contenedor de obra de Salamanca. Y entero, salvo una pata un poco chunga, de un ladrillazo involuntario. Mestizo de rottweiller. Se pondrá como un elefante. Y así será porque le criaremos gordito y vivalapepa, como al resto de la fauna. Le debo una a Karlos Z. Una enorme. Irse hasta Salamanca, lloviendo y en una ida y vuelta de una noche, es un meimportas muy grande escrito con sangre en mitad del universo. Luego me ha llamado mi cuñado. “Le hemos lavado bien lavado, pero no se ha dejado poner el lazo porque lloraba.” Pobre Juan Canuto. Ha sido un perro exprés.

Y corto ya, porque hay mucho, mucho revuelo aquí a mi alrededor entre niños, gatos, perros y nuevos colegas.